Por qué a las mujeres nos cuesta hablar de dinero (y 3 mantras para empezar a hacerlo)

por qué a las mujeres nos cuesta hablar de dinero

Sí; a las mujeres nos cuesta hablar de dinero, aunque pueda sonar políticamente incorrecto decirlo.

Y es que como en tantas otras áreas, todavía existen muchos tabús al respecto y aunque la teoría es que el dinero no tiene género, en la práctica el dinero sigue siendo principalmente masculino. 

Incluso desde una perspectiva feminista, muy a menudo hablar de dinero (o ambición y poder) se traduce como una reivindicación de valores masculinos. 

En definitiva, hablar de dinero sigue estando «mal visto» si lo hace una mujer. Es de mal gusto.

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Con estos prejuicios a la espalda, el resultado es que mayoritariamente, la mujer emprendedora acostumbra a no querer enfrentarse a los números de su negocio (lo veo muy a menudo entre mis clientas de mentoring). Las respuestas que me dan incluyen hechos como que no los entienden o que les generan angustia.

Tampoco hablan de frente y abiertamente sobre dinero porque lo viven como una medida fiable de su propia capacidad profesional y personal: ahí afloran todas las creencias limitantes que de forma general nos han ido calando, muchas de las cuales hacen referencia a la autoconfianza y al autoliderarzgo.

Un claro ejemplo es la dificultad extra que podemos sentir como colectivo a la hora de poner precio a nuestro trabajo, consecuencia directa de la forma en que entendemos y hablamos de dinero (más allá de cuestiones técnicas sobre pricing). 

Y estarás pensando, toda esta reflexión de género ¿a qué viene? ¿es necesaria?

Sinceramente, si quieres que tu negocio crezca y dé los frutos que en secreto estás esperando, es hora de despertar y empezar  a cambiar la forma en la que te relacionas con el dinero. 

Porque todo empieza en ti: en tu mentalidad y tu energía.

 

Esta es la razón de ser de este artículo: profundizar en los principales motivos por los que aún, a las mujeres, nos cuesta hablar de dinero, y explicarte por qué debemos empezar a hacerlo. 

Además, te daré tres razones de peso que te convencerán a ti también.

Pero empezaremos por lo primero: ¿por qué a las mujeres nos cuesta hablar de dinero?

 

Motivo 1: No queremos hablar de dinero porque “nos incomoda” 

 

¿Te has planteado, realmente, qué es el dinero para ti? Te lo pregunto porque, muchas veces, esta incomodidad proviene de una percepción negativa de lo que el dinero significa. 

Antes de seguir, quiero matizar que cuando yo hablo de Ganar Dinero, me refiero siempre a un dinero ético, ganado desde la honestidad y la vocación de servicio a los demás. ¡Vaya por delante!

Como explica Nieves Villena en su libro 29 días para tu felicidad económica: “El dinero es un símbolo de intercambio, es lo que recibes por el valor que aportas al mundo”

Y fíjate en lo que añade: “Cuanto más valor das, más recibes, ya que cualquier cosa de valor en la vida se multiplica cuando se da”. 

Es una afirmación con la que coincido plenamente. De hecho, es uno de los pilares básicos de mi método de aceleración empresarial: en cualquier proceso de mentoring, siempre empezamos por revisar y volcarnos en el propósito transformador de cada negocio.

Porque cuando nos centramos en el Cliente y en satisfacer sus necesidades, aportándole valor real, estamos dando un paso definitivo hacia un buen posicionamiento (requisito indispensable para diferenciarnos de la competencia en un entorno hipercompetitivo y normalmente saturado) y hacia las ventas.

Y en este primer estadio, en la definición de un verdadero propósito o Misión, ya nos encontramos muchas barreras y bloqueos emocionales que se asientan en falsas creencias.

Porque a las mujeres no se nos suele educar para «pensar en grande» (y eso incluye ser capaz de desarrollar una percepción del dinero desprovista de prejuicios).

 

Motivo 2: Evitamos hablar de dinero por tradición

 

Históricamente, el dinero ha sido “cosa de hombres”.  Y esto tiene mucho que ver con que, aún al día de hoy, a las mujeres nos cuesta hablar de dinero. 

Fíjate: la primera entidad bancaria de España se creó en 1782, y sin embargo las mujeres tuvimos que esperar hasta 1975 para poder abrir una cuenta sin el permiso de un hombre y en igualdad de condiciones. ¡Casi 200 años!

Es decir que, hasta 1975 las mujeres no estábamos autorizadas, legalmente, a tener una empresa propia. Por más que una mujer tuviera, gestionara y dirigiera un negocio, necesitaba el “aval” masculino para tener su propia cuenta bancaria y cobrar por su trabajo.

De la misma manera, aunque en muchas familias fueran las mujeres quienes administraban las cuentas del hogar, legalmente no tenían acceso al dinero sin la aprobación de sus maridos. 

En las últimas décadas, a nivel social, se nos han presentado diferentes “modelos”: el prototipo de mujer profesional que ha tenido que integrarse en un mundo empresarial masculino (aún cobrando un 30% menos que ellos), el de la maternidad consciente y entregada a la familia, y la “superwoman” capaz de “llegar a todo”… 

Y ojo aquí: los mismos estereotipos sociales de mujer están perpetuando nuestra propia dependencia. 

Si buscamos un verdadero cambio a nivel social, es necesario comprender que una mujer puede ser cuidadora (de sus hijos, de sus mayores…) y al mismo tiempo, tener ambición profesional y/o empresarial.

Y, para que esta creencia se extienda, las primeras que tenemos que creerla somos nosotras mismas. 

Es un reto, porque va en contra de lo que históricamente se nos ha enseñado. Pero, una vez más, el cambio empieza en nosotras mismas.

 

Motivo 3: Nos cuesta hablar de dinero por nuestras creencias familiares

 

Según la psicología, la manera en que se ha hablado de dinero en nuestra casa (especialmente durante nuestros primeros siete años de vida) condiciona la forma en que nos relacionamos con el dinero en nuestra vida adulta.

Y hasta hace muy poco tiempo, la creencia y el mensaje familiar dominante en este país (por mucha liberación setentera de la mujer que queramos argumentar), es que la responsabilidad de un hombre es producir y generar ingresos para sostener a su familia y en cambio, el dinero que pueda ganar una mujer sirve «de ayuda» al sostén principal.

«Fuimos educadas pensando siempre en los demás y cuando nos priorizamos, es como que sentimos un poco de culpa. Creo que la búsqueda de aprobación está todavía un poco ahí», explicaba Alicia Kaufmann, socióloga, escritora y conferenciante en una entrevista realizada por Diario Vasco.

Sentimos culpa. ¿Te suena?

Entonces ¿cómo va a ser posible que lideres un negocio próspero si tú misma dudas acerca de tu propia capacidad para generar dinero?

Ésta es la motivación profunda que existe tras este artículo: volver a poner consciencia en la necesidad de desarrollar y ejercer nuestro propio Liderazgo. Y no reivindico conscientemente el Liderazgo Femenino porque siento que «poder hablar de dinero libremente» es un estadio previo y básico, es un derecho y, ahora mismo, me parece hasta una obligación moral para avanzar en este despertar colectivo de las mujeres.  

 

Ahora que he repasado algunos motivos por los cuales a las mujeres nos cuesta hablar de dinero, déjame animarte a romper definitivamente con este tabú.  

 

¿Por qué las mujeres necesitamos empezar a hablar de dinero? 

 

Como mujeres empresarias, con negocio propio, tenemos que empezar a hablar de dinero con naturalidad. Porque solo así estaremos construyendo una sociedad igualitaria donde la independencia económica de la mujer sea una realidad. 

Es momento de dejar de buscar la aprobación fuera, para creer de verdad en el valor que aportas a la sociedad, al frente de tu negocio.

¿Qué se perdería el mundo si mañana no te levantaras de la cama para seguir con tu negocio en marcha, haciendo lo que haces?. 

Esta gran pregunta se la hago a todas mis clientas al principio del mentoring, cuando trabajamos en la Esencia y la diferenciación. Es una pregunta que de entrada suele resultar aterradora y después del proceso, resulta empoderadora.

Y es que para que el mercado te valore, primero tienes que reconocerte tú, a ti misma, como merecedora de los ingresos que quieres generar

Y esto significa que el primer diálogo que mantienes con el dinero empieza en ti

En tu mentalidad respecto a lo que vales, lo que mereces, lo que aportas. Y si tú misma crees que lo que aportas es tan poco que nadie se perdería nada si no te levantaras de la cama, entonces cómo vas a atreverte a poner precios justos a tu trabajo, a generar deseo en tus clientes para que te prefieran a ti en vez de a otra,  a vender.

No es fácil responder a mi gran pregunta.

He visto grandes bloqueos ahí, la mayoría provocados en el fondo por una falta de autoestima (incluso en mujeres que creían tenerla alta). Porque tu valor puede residir en muchos lugares: puedes querer cambiar el mundo o simplemente querer mejorar el día de las personas que pasan por tu tienda contagiándoles la alegría e vivir.

Simplemente, debes ser consciente de ese Propósito para generar toda una Experiencia de Cliente a su alrededor. Y eso sí es aportar valor que finalmente podrás traducir en dinero.

 

¿Te atreves a decirle ciao a tus propios prejuicios y a las creencias limitantes que no te permiten una relación sana con el dinero?

Porque te traigo 3 mantras, 3 frases poderosas, para iniciar este cambio de mentalidad y dejar atrás, de una vez, la idea de que “a las mujeres nos cuesta hablar de dinero”.

 

(1r Mantra) Tú aportas Valor real: no te dedicas a ayudar.

 

Aunque lo que realmente te mueva sea ayudar a las personas: con tu negocio, lo que haces es aportar valor, generar una transformación o hacer posible un cambio.

La confusión viene porque probablemente este valor que ofreces acaba ayudando a las personas. Sí. Pero esto no significa que tú te dediques a ayudar porque tú tienes un negocio. 

Fíjate en la diferencia:

Por el Valor se paga, existe un intercambio monetario.  

Porque esperamos mejorar nuestra vida, resolver problemas, cubrir necesidades, alcanzar deseos o aspiraciones, crecer a nivel personal o profesional, etc.

En cambio, podemos recibir ayuda cada día, de manera natural, sin pagar por ella, de nuestros amigos, familiares…

¿Notas la diferencia? Se sobreentiende que la ayuda debe ser gratis. 

Cuánto daño hace a nivel de mentalidad esa fórmula que se ha puesto tan de moda para explicar lo que haces «ayudo a personas que necesitan X a conseguir (blablabla)«. ¿Te suena? Porque si eres de las que aún confunde negocio con pasión o valor con ayuda, esta frase te está anclando aún más, a nivel subconsciente, a una actitud de servicio (que en sí misma es maravillosa) desconectada de su origen (que es la voluntad de generar dinero y vivir de ella).

En consecuencia, creer que lo que haces es “ayudar” puede ser uno de los motivos por los que estés fijando precios bajos. Hasta puede que te genere culpa generar dinero por la ayuda que ofreces.

Por este motivo insisto a mis clientas con que no se presenten como profesionales que “ayudan”, sino que pongan en palabras el valor que quieren aportar al mundo. Y, especialmente, que ellas mismas se lo crean.

Porque, cuando realmente estás conectada con tu propósito y crees por completo en lo que ofreces, es cuando mejor preparada estás para negociar con tus clientes.

 

(2º Mantra) La ambición es buena: te impulsa a crecer.

 

Entiendo la ambición como crecimiento personal, profesional y empresarial, siempre de forma respetuosa, tanto a los demás como a una misma.

Sin embargo, por mucho que creamos que hemos avanzado en términos de igualdad, creo que siguen vigentes estereotipos que se resisten a desaparecer.

El hombre ambicioso puede resultar atractivo mientras que la mujer ambiciosa todavía sigue sin encajar en ningún lugar: para los hombres resulta amenazadora y para muchas mujeres, las mismas que se autoreconocen como activistas de género, encarna valores masculinizados y negativos no aceptables (¡horror!) .

¿Te das cuenta de que en ambos casos se están poniendo límites a nuestro crecimiento? Si no se nos permite aspirar a más (¡tener ambición!) entonces se nos está perpetuando en una actitud conformista, pasiva y resignada a permanecer en segundo plano.

Si decidiste montar un negocio, entenderás que la falta de ambición es la muerte.

La realidad es que atraemos lo que pensamos. Por eso, si buscamos prosperidad, tenemos que sentirnos merecedoras y capaces de alcanzarla. Sin culpas, sin miedos. 

De nuevo, es necesario atreverse a romper tabús y a buscar entornos propicios para que puedas desarrollar esta mentalidad, empoderarte entre iguales, para creerte capaz y merecedora. Este es uno de los motivos por los que he fundado el Club de Negocios LOCAS Y VALIENTES, para aglutinar a mujeres inconformistas que están dispuestas a dar un paso al frente y reconocerse en este rol ambicioso y de liderazgo para empezar a construir el mundo que queremos, piedra sobre piedra, más allá de imaginarlo y describirlo.

Si te fijas, tu nueva relación con el dinero puede convertirse en motor de cambio social. ¡WOW! 

 

(3r Mantra) Puedes hablar de dinero:  estás contribuyendo a normalizar la igualdad.

 

Si necesitas una razón extra para normalizar tu relación con el dinero, voy a apelar a tu conciencia de género. Porque si realmente crees que la independencia y autonomía económicas son fundamentales para conseguir Libertad e Igualdad, entonces ¿cómo vas a conformarte con eso de que «a las mujeres nos cuesta hablar de dinero»?

Por ejemplo, en su artículo “Te diré mi salario si me dices el tuyo”, Jessica Benet, periodista del New York Times especializada en igualdad, cuenta historias de mujeres muy jóvenes que sí hablan con transparencia de dinero, y muestra cómo ello les permite cobrar lo que realmente merecen. 

Pienso que es momento de dejar atrás el Síndrome de la Impostora, de esperar a que otro descubra nuestro talento y de creer que no estamos suficientemente cualificadas para hacer lo que hacemos y cobrar lo que merecemos.

STOP. ¿No hay ninguna palabra que te chirríe?

Porque a mí, esto de «cobrar lo que mereces» hace que salten todas las alarmas. 

Según la RAE, Merecer significa ser digna de premio o castigo. Por tanto, me parece un término demasiado ambiguo. ¿Merecer para quién? Está claro que si es el mercado quien toma la medida, estamos hablando de Valor. Pero si la medida la pones tú misma, y justamente existe una creencia limitante de base, volvemos a estar atrapadas en el bucle «precios bajos, salarios bajos».

Por eso es tan importante (y urgente) que nos demos permiso, de una vez, para hablar de dinero.

Sólo cuando nosotras mismas nos sintamos merecedoras de generar dinero y hablemos abiertamente sobre él, empezaremos a romper con las expectativas que la sociedad nos propone.

Sinceramente, estoy convencida de que si muchas más mujeres se atreviesen a hablar de dinero, avanzaríamos más rápido hacia la verdadera igualdad, sin miedos, culpas o prejuicios. 

 

 

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